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La gran diferencia entre Martínez Verdugo y AMLO

Written By PLATAFORMA DISTRITO CERO on jueves, 30 de mayo de 2013 | 8:22

La gran diferencia entre Martínez Verdugo y AMLO

Bibiano Moreno Montes de Oca @BibianoMoreno jue 30 may 2013 00:19
Por lo que se ve, en política no aplica la máxima de saber retirarse a tiempo, salvo en el caso excepcional de un izquierdista verdadero: Arnoldo Martínez Verdugo, recientemente fallecido. Alguien lo dijo con anterioridad: enemigo del culto a la personalidad, AMV viene a estar en las antípodas del “izquierdista”  Andrés Manuel López Obrador, que no ceja en sus afanes protagónicos.
En las elecciones presidenciales de 1976 el autoritarismo priísta logró lo increíble: un candidato único, José López Portillo, que “arrasó” en las urnas y obtuvo un porcentaje de 86.37 por ciento del padrón. Ese año el PAN, por problemas internos, no tuvo abanderado; el Partico Comunista Mexicano, sin registro, obtuvo cerca del millón de sufragios, que representaba el 5.21 por ciento.
Ante el vergonzoso panorama exhibido en 1976, al siguiente año se concretó la reforma política que impulsaron el presidente y su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, lo que permitió el registro del PCM y de otras agrupaciones de izquierda y de derecha.
Todos señalan a Reyes Heroles como el artífice de esa gran reforma que en ese momento necesitaba el país, pero eso no hubiera sido posible sin la participación de Martínez Verdugo. Así, merced a que el líder comunista fue un visionario, el PCM tuvo sus primeros diputados federales en 1979, y en 1982 se convirtió en el candidato presidencial de la suma de agrupaciones que dieron por resultado el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

Contrario a lo ocurrido seis años antes, en el 82 hubo candidatos presidenciales hasta para aventar para arriba, pues se registraron siete en total: Miguel de la Madrid Hurtado (PRI-PPS-PARM), Pablo Emilio Madero (PAN), Martínez Verdugo (PSUM), Ignacio González Gollás (PDM), Cándido Díaz Cerecedo (PST), Rosario Ibarra de Piedra (PRT) y Manuel Moreno Sánchez (PS).
Ciertamente, ese año el PRI volvió a barrer con sus contrincantes con el 68.43 por ciento de los votos (sin contar al PPS y al PARM, aunque su porcentaje fue mínimo), pues aún faltaba el IFE que permitiría la alternancia en el 2000; sin embargo, los avances en ese momento eran innegables. Ello fue, por cierto, gracias a la visión de un Martínez Verdugo que vio más allá de sus propios intereses personales.
Después de su participación como candidato presidencial en 1982, Martínez Verdugo tomó la sabia decisión de retirarse a tiempo. Si bien tuvo algunas apariciones en momentos claves, como el apoyo a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (1988) y en la creación del PRD (1989), el destacado luchador social prudentemente se hizo a un lado para dejar el escenario a las nuevas figuras.
Lo malo es que los que le precedieron ya no estuvieron a la altura. A Cuauhtémoc Cárdenas le gustó ser el Zúñiga y Miranda de fines del siglo XX, pues tres veces fue candidato presidencial de la izquierda mexicana. Cuando intentó serlo por cuarta vez, en el 2006, llegó el nuevo caudillo que lo hizo a un lado. Así, el tabasqueño se apropió de una candidatura que en ese momento resultaba natural, pero ya no tanto en 2012, y mucho menos en 2018, como parecen ser sus planes, ahora con Morena.
Aquí es cuando llegamos al meollo del asunto: López Obrador no supo retirarse a tiempo, como en su momento lo hizo Martínez Verdugo. Ser candidato presidencial por segunda vez ya fue un error, pero pretender serlo por tercera vez resulta absurdo. No obstante, para allá va AMLO: pese a que eso se le criticaba a Cuauhtémoc Cárdenas, es lo mismo que hace ahora el tabasqueño: perpetuarse en el cargo de candidato hasta lograr ser presidente algún día.
Martínez Verdugo participó en la reforma política de 1977 en la que se logró el registro del PCM, pero eso no lo hizo ni oficialista ni vendido al gobierno. ¿Participa Morena en el Pacto por México? No. ¿Contribuye AMLO con alguna propuesta que impulse una nueva reforma política? No. Todo se reduce al odio, al resentimiento y a la amargura.
Está visto que no es posible hacer cambiar de opinión a alguien que está obsesionado por el poder. A Martínez Verdugo eso no le quitaba el sueño; a El Peje, por lo visto, sí. Esa es la gran diferencia entre uno y otro.
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